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Concepto

La arqueología mantiene su unidad teórica y metodológica, por lo que “arqueología de alta montaña” es un neologismo que tan solo distingue al investigador por su capacidad de ascender a las altas cumbres. Desde los trabajos del Primer Seminario Internacional de Arqueología de Alta Montaña, celebrado en la ciudad de Salta, Argentina en el año 1999, se ha venido ensayando en un criterio que pueda aglutinar antropológicamente a la alta montaña. Para algunos especialistas el concepto debería ser únicamente de montaña, sin la condición de “alta”, “media” o “baja”; para otros, la alta montaña se establece por su distancia de la vida cotidiana como un espacio diferente, liminal, al cual el individuo llega en un estado de suspenso, con un propósito religioso; para otros en cambio, la propuesta apunta a una sustentación geográfica.

Para los propósitos de esta página, se sustenta por el criterio geográfico, que toma en cuenta tres factores:

  1. Áreas por arriba de la línea nival.
  2. Espacios por encima de los umbrales altitudinales de los bosques.
  3. Terrenos sobre el límite de denudación crionival que corresponde a los procesos geomorfológicos originados por el hielo o la nieve.

Estos factores en el país son perceptibles en diez montes del Eje Volcánico Transversal Mexicano. Así que la investigación se enfoca al estudio de la cultura material en esos espacios altitudinales donde los asentamientos habitacionales y productivos no pueden prosperar debido a los extremos ambientales de alturas superiores a 3900 +/-100 m/nm justamente donde culmina la zona meridional del bosque pinus hartwegii, esta es una frontera ecológica fácilmente perceptible en el paisaje.

Nevado de Tolca, ladera oeste. El bosque prospera hasta la altura de 3,900 m/nm por arriba de este límite la alta montaña se presenta con pastos, arenales y campos de roca que en invierno están cubiertos por nieve.

Antecedentes

La arqueología de alta montaña como subdisciplina especializada es reciente. A mediados del siglo pasado se inició en Sudamérica, cuando fue descubierta una momia inca en el cerro El Plomo, en Chile; el argentino Juan Schobinger, en 1965, introdujo el concepto de arqueología de alta montaña para las investigaciones andinas. Pero mucho antes de considerarse como una especialidad de la arqueología, el interés histórico por las altas cimas ya se había despertado en América y Asia. Sin duda el hecho más espectacular fueron los ascensos que desde el siglo xix se realizaron al Monte Ararat de 5137 m/nm siguiendo especulaciones religiosas y esotéricas en busca del arca de Noé.

También en México se dieron incursiones arqueológicas tempranas, Desire Charnay en 1857 y posteriormente en 1888 realizó excavaciones en los volcanes Iztaccíhuatl y Popocatépetl. En tanto que los primeros hallazgos anotados en los Andes son para 1905, cuando en el Nevado de Chani, de 6000 m/nm, en Argentina, se encontró el entierro de un niño de cinco años momificado con su ajuar funerario.

Si enfocamos nuestra atención a los ascensos efectuados en las montañas mexicanas, podemos apuntar que las intervenciones eran ya frecuentes desde hace 2 mil años por parte de feligreses indígenas que así rendían culto a sus divinidades; después del siglo XVI, con la ruptura cultural que significó la Conquista, los ascensos rituales que persistieron fueron considerados como actos de idolatría. Para el siglo xix, los intereses cambiaron y las intenciones rituales cambiaron por las económicas con la explotación de azufre en el Popocatépetl y de hielo por las altas cumbres de México.

Desde el siglo XVII indígenas de Amecameca abastecían a la ciudad de México de hielo proveniente del volcán Iztaccíhuatl.
La imagen corresponde a principios del siglo XX (MPBA).

Todas estas actividades demuestran que las altas montañas mexicanas son accesibles. No es sorprendente por lo tanto que durante el siglo XIX se sucedieran los relatos de exploradores, los anecdotarios de viajeros y los trabajos científicos. A inicios del siglo XX el montañismo organizado cobraba importancia como una actividad deportiva y recreativa, para la década de 1930, todas las altas montañas habían sido declaradas parque nacional. Aunque las incursiones se habían incrementado, hubo que esperar décadas para tener contribuciones en el campo de la arqueología, hasta que en 1957, José Luís Lorenzo publicara Las zonas arqueológicas de los volcanes Iztaccíhuatl y Popocatépetl. En las décadas posteriores se incorporan al estudio antropológico de montaña nuevos investigadores, se sucedieron las publicaciones, pero no se realizaron trabajos de excavación hasta que en 1984 Arturo Montero y Stanislaw Iwaniszewski con el proyecto Arqueología de Alta Montaña, auspiciado por el Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, realizaron trabajos sistemáticos en el Monte Tláloc, la Iztaccíhuatl y el Popocatépetl.

Arturo Montero (izquierda) y Stanislaw Iwaniszewski (derecha) durante los trabajos arqueológicos
en la cima de la Iztaccíhuatl en abril de 1985.

Posteriormente tenemos la formación de cuadros académicos. La propuesta docente fue el inicio para la institucionalización y sistematización en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), con cinco cursos de la especialidad en 1989, 1994 y 1995 por Arturo Montero, y posteriormente en el año 2000 por Stanislaw Iwaniszewski. Hoy en día cada vez más especialistas con diferentes técnicas y metodologías vuelcan su interés por estudiar la historia, la arqueología, los ritos, los sistemas de creencias, y los centros rituales aún en uso en torno a los grandes volcanes. Los resultados ya se apuntan en diversas publicaciones, entre las que destacan las aportaciones de Johanna Broda.

Trabajos arqueológicos

Las amplias extensiones que ocupan las montañas en el plano visual son un buen referente para considerar los extensos e intensos recorridos que se tienen que superar durante la prospección arqueológica. Además de las distancias, hay que sortear cañadas que en ocasiones alcanzan desniveles de 300 metros por kilómetro, en otros momentos se hace necesario realizar travesías por glaciares, arenales y taludes detríticos, soportar tormentas eléctricas, nevadas, y temperaturas bajo cero. Por tratarse de terrenos agrestes, y áreas alejadas de las vías de comunicación, se requiere del investigador buena condición física, aclimatación para sobreponerse al mal de montaña, el domino de las técnicas de travesía alpina, y el abastecimiento del equipo adecuado para afrontar exploraciones en terrenos propios de los deportes extremos o de aventura. Como medida de seguridad es necesario contar con sistemas en telecomunicaciones, y con la suficiente capacidad de respuesta para afrontar una situación de emergencia. Bien es cierto que los feligreses de antaño no siguieron rutas técnicas, podemos seguir sus caminos procesionales que nos conducen sin obstáculos a la cumbre, pero el dominio de la técnica y el equipo apropiado son la garantía de regreso ante las variaciones sorpresivas del clima.

Prospección arqueológica de una pared en busca de materiales acarreados desde cima por la erosión. Cerro El Ombligo, Nevado de Toluca, proyecto de Arqueología Subacuática y de Alta Montaña del INAH (A. Boneta, 2008).

En muchos casos, la exploración durante varios días no ofrece resultados. Herramientas de la arqueología como la fotografía aérea no son suficientes para visualizar entre la masa forestal los pequeños adoratorios de montaña, por otra parte la cartografía en su escala comercial es tan amplia que algunas variaciones del terreno pasan desapercibidas. Todas estas condiciones y otras más, obligan al investigador a establecer estrategias eficientes y suficientes para afrontar tales contradicciones. A la fecha (julio de 2009) hemos registrado 106 emplazamientos, usualmente se presentan en concentraciones arquitectónicas, cerámicas o líticas de espacios muy reducidos, en menos de 400 m2, lo cual contrasta con las proporciones de la montaña; además, los sitios están dispersos, aislados uno del otro. Considerando estas variables se entiende que no es fácil hallarlos. Para encontrarlos armamos en primera instancia los trayectos de prospección sobre un mapa, después, en campo se trazan los recorridos visualmente siguiendo los criterios que asocian a los sitios con las cuevas, los manantiales, los afluentes, los cuerpos de agua, las planicies, y los espacios con dominio del paisaje. Nos valemos también de los reportes de montañistas y de los datos proporcionados por informantes locales, pero sobre todo por los resultados de nuestra experiencia en campo que se traduce en rangos de probabilidad. La temporada de campo se efectúa en los meses secos. Estamos sujetos al clima. La temporada de lluvia no es propicia porque los caminos de terrecería se descomponen, los pozos de excavación se inundan, la visibilidad es escasa por la nubosidad, y estamos a merced de ser alcanzados por una tormenta eléctrica.

Colaboradores voluntarios del Club Todo Terreno 4x4 de Puebla ven comprometido su vehículo
durante la aproximación a la ladera sur de La Malinche, 2002.

Por ejemplo, durante la temporada de campo del año 2002, nos beneficiamos de vehículos doble tracción y cuatrimotos que nos trasladaron hasta altas cotas. Así también de porteadores y bestias de carga. Aprovechando estos recursos pudimos instrumentar campamentos de altura, esta modalidad que incorporamos fue un éxito, pues permitió prospectar amplias áreas de la montaña sin tener que descender para el abastecimiento o el descanso. Los equipos que partían del campamento realizaban jornadas de cinco a seis horas, los investigadores cumplían su trabajo transportando sólo el equipo necesario, esta disminución en el peso logró traducirse en un menor desgaste, más rapidez y una mayor extensión cubierta. El campamento de altura es un emplazamiento logístico y de asistencia, que se instala en lugares estratégicos según la experiencia de los exploradores y los objetivos de la investigación.

Vehículos especiales utilizados durante el trabajo de campo (cortesía de Polaris).

Pero sin duda alguna el trabajo más extraordinario es la excavación que se realiza en ambientes de riesgo durante largas permanencias por arriba de 4000 m/nm. Para sobreponerse a las nevadas, vientos y bajas temperaturas se requiere de investigadores extraordinarios con capacidad física y psicológica suficiente para sobreponerse al mal de montaña y otras afectaciones a la salud por la altura y el clima.

Aspecto de un pozo arqueológico realizado en el año 2007 durante los trabajos del INAH en el Nevado de Toluca. La capa de hielo del interior se formó en sólo una noche de inclemencia con temperaturas de 05° bajo cero.

Registro arqueológico

El registro arqueológico de alta montaña fue la investigación central de mi tesis doctoral en Antropología Simbólica en la ENAH. Los resultados preliminares de este proyecto merecieron el Premio Nacional al Mérito Forestal 2002, promovido por la Comisión Nacional Forestal como parte de las actividades para conmemorar el Año Internacional de las Montañas, declarado así por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Los subsidios para la exploración provienen del fondo de dicho premio, la beca del CONACYT al doctorado, y ocasionalmente los aportes de laMesoamerican Research Foundation. Sin embargo, estas colaboraciones económicas no son suficientes, por lo que he recurrido al apoyo altruista de montañistas, arqueólogos voluntarios y ciudadanos preocupados por el patrimonio cultural del país. Si desea datos específicos sobre las características de cada uno de los sitios arqueológicos de alta montaña consulte el libro Páginas en la nieve en el artículo de Arturo Montero, Apuntes sobre el acervo arqueológico de la alta montaña en México. En la siguiente tabla el acervo registrado hasta la fecha (julio, 2009).

  Montaña Altitud Sitios Porcentaje
1
Iztaccíhuatl
5,230 32
31 %
2
La Malinche
4,430 22
21 %
3
Nevado de Toluca
4,690 18
17 %
4
Pico de Orizaba
5,610 15
14 %
5
Popocatépetl
5,465 7
6 %
6
Ajusco
3,930 5
4 %
7
Sierra de Río Frio
4,125 4
3 %
8
Cofre de Perote
4,220 3
2 %
9
Sierra Negra
4,585 1
1 %
10
Xocotitlán
3,900 1
1 %

Advertencia

La ubicación e información detallada de los sitios arqueológicos de alta montaña es confidencial
en los términos de prevenir algún plagio al Patrimonio Nacional.