Ajusco

Cofre de Perote (Naucampatepetl)

Cerro que tiene cuatro lados

Altitud 4220 m/nm
Ubicación φ 19° 29´ 44.0” –  λ  97° 08´ 52.8” (cima)
Arqueología 3 sitios registrados
Entidad Veracruz
Decreto 4 de mayo de 1937, como parque nacional
Superficie 11700 hectáreas

Por la silueta rectangular de su cima se le denominó en el pasado Naucampatepetl, Cerro que tiene cuatro lados. También se sugiere Nappatecuhtli, Señor de las cuatro direcciones, como una advocación de Tláloc. De igual forma Naupatecutepetl, Cuatro veces señor. Para otros, es Tepetlacali, como la olla que resguarda los tesoros. El actual nombre de Perote lo toma de la población al somonte, que responde al aumentativo en castellano de Pedro. En 1527 Pedro Anzures, a quien por alto y grueso llamaban Pedrote, fundó el mesón de San Carlos en la antigua aldea indígena de Pinahuizapan, el poblado creció a su alrededor y tomó su nombre, la corrupción del vocablo resultó en el actual Perote.

Geología

El Cofre de Perote es un volcán apagado que se originó durante el Mioceno, hace 20 millones de años, en un periodo de erupciones que contemplaron un solo foco volcánico importante. Aunque en la actualidad no existe un cráter, se cree que los precipicios al sur y sureste de La Peña constituyen su pared occidental, y que las restantes se perdieron a causa de las explosiones. Después de permanecer inactivo por algún tiempo, la actividad volcánica se manifestó de nuevo, ya no por el antiguo canal que quizá quedó obstruido, se abrieron nuevos y numerosos puntos en el flanco oriental, y no en la forma de erupciones explosivas sino de eyecciones relativamente tranquilas de lavas de composición más básica. Del campo inmenso de lavas surgieron numerosos conos bien formados, con un cráter pequeño que marca el fin de la emisión de lavas. Las rocas de este volcán tienen una composición mineralógica y una estructura constante y uniforme. En la base de toda la construcción hay rocas cretácicas y sobre las mismas se encuentra un grueso manto de material cinerítico y de rocas riolíticas. La masa principal del volcán está constituida por rocas ígneas como basaltos y tobas de naturaleza basáltica y andesítica cuya edad varía del Cenozoico superior a fechas más recientes. En menor proporción existen areniscas, pizarras calcáreas y calizas del Cretácico. De la montaña convergen tres vertientes hidrográficas: la del río Huitzilapan o Antigua, la del Actopan y la del curso fluvial del Nautla.

Arqueología

En 1994 Arturo Montero realizó una somera prospección en la cima y en el flanco sur-oeste sobre 4,000 m/nm, durante ese recorrido sólo se localizó un fragmento de obsidiana a un costado de la cima (CP-01), esta evidencia se presentó fuera de contexto, pues las construcciones de telecomunicaciones que coronan la cima con más de 40 antenas no permiten reconocer la forma natural. Sin embargo, informantes locales confirman la existencia de material cerámico sobre la montaña. Sobre la arista sur-oeste a 700 m de la cima mayor y a 150 m por debajo de esta, se localizó una “cruz de agua” (CP-03) con culto contemporáneo, con dos lagunas en sus extremos lo que determina un paisaje ritual sugerente. En 1997, en una segunda prospección Montero y colaboradores registraron otro sitio (CP-02) al pie del macizo rocoso que conforma la cumbre, ahí sólo se detectaron fragmentos cerámicos muy erosionados.

Registro de sitios arqueológicos para el Cofre de Perote (Montero, 2009).

La evidencia arqueológica en las partes altas es insignificante, pero tomemos en cuenta la alteración que ha sufrido la cumbre y sus alrededores desde el año de 1966 en que se instalaron las primeras antenas en telecomunicaciones. Además, no se ha realizado excavación, ni prospección intensiva y extensiva de la montaña. No obstante la carencia material, fortalece la idea que respalda su importancia: la insinuante toponimia; el culto que subsiste; y los hallazgos arqueológicos al somonte.

Aspecto de la cima del Cofre de Perote en la que se halló un navajilla
de obsidiana por debajo de la maraña de cables y antenas.

El arqueólogo Antonio Contreras resalta que los sitios La Viborera, Cerro Jorge, Cerro Tepiolo y La Mano del Diablo, ubicados a diferente cota altitudinal entre 2640 m/nm y 2940 m/nm apuntan en la alineación de sus edificios a la cima del Cofre de Perote. Las estructuras de los sitios recuerdan los tetzacualco de la cuenca de México. El hecho es relevante porque demuestra la importancia geomántica de la montaña en el propósito de situar y orientar las construcciones al definir el plano urbano. Para Contreras, los sitios corresponden a la clasificación de alta montaña, porque los emplazamientos no conciernen a la habitación, sino a los procesos rituales de la montaña. Medellín Zenil en la década 1950, excavó un sitio a 2720 m/nm al que denominó Nepatecuhtlan “Lugar del dios de los cuatro costados, señor de los tejedores de palma y cesteros”, el sitio muestra relación con la montaña por la presencia de enterramientos infantiles asociados con vasijas efigie de Tláloc, que por analogía nos conducen al sacrificio infantil en los montes prominentes de la cuenca de México. La temporalidad de todos los sitios apunta al Epiclásico (600 – 900 d. C.). Es importante anotar que en el Cofre de Perote hay yacimientos de obsidiana, lo cual pudiera ser significativo en similitud con las minas del Pico de Orizaba.

Los sitios del Cofre de Perote, ladera oeste.

Además de la evidencia que nos ofrece el sitio CP-03 de culto contemporáneo, en la ladera oriental subsisten los ritos de propiciación climática que están documentados por Noriega. Son los tlamatine,los hombres/trueno quienes propician la lluvia, son quienes habitan en las cuevas del somonte, porque la montaña es un “lugar de encanto”: Ahí, adentro de una cueva están unos barriles, que son trojes de hielo conocidos también como “neverías”, al interior, también se encuentra el respiradero de la montaña en cuatro ollas: una llena de granizo, otra colmada de relámpagos, una más con truenos, y la restante con nubes –afirman algunos vecinos de Xocotepec y Xico–. Se habla también en la región de los tlamatine como seres humanos, como brujos, como los controladores del tiempo.

El Cofre de Perote establece una gramática cultural que constituye una identidad a través de la montaña, y que a medida que el desarrollo introduce nuevos signos de identidad, los habitantes reorientan el paisaje permitiendo la relación de su comunidad, con la nación y con el mundo. El municipio de Perote es puntual para esta proposición, porque al observar el emblema municipal, encontramos una articulación de elementos que los identifica con la montaña.

Al centro se levanta majestuosa la montaña llamada originalmente Naupatecutépetl, actualmente Cofre de Perote, que significa en náhuatl “Cuatro veces señor”, aplicándose dicho nombre a uno de los dioses del agua o tlaloque, que se venera en esta cumbre, por ser el punto donde las nubes cargadas de vapor de agua se convertían en aguaceros, granizadas y nevadas, formándose las importantes cuencas de los ríos Nautla, Actópan y Huitzilapán.

El numeral cuatro esta representado por cuatro puntos, figurando además el símbolo de tépetl cerro que también hace las veces de ciudad o lugar poblado. Arriba figura un copilli o corona imperial, que da a entender la voz tecuhtli, noble o señor. Para contemplar la frase “cuatro veces señor”. Al centro, abajo, figura también el símbolo de un castillo o fuerte, y que corresponde a la fortaleza que en el siglo XVIII, construyó en este lugar el gobierno colonial como punto de defensa de la altiplanicie mexicana contra posibles invasiones militares de ultramar. Esta fortaleza ha simbolizado, juntamente con la importante eminencia, a la ciudad de Perote. A los lados se encuentra la figura de dos soldados, en actitud de guardia correspondiendo a dos esculturas que han adornado siempre la puerta  principal de entrada del castillo de San Carlos, desafiando al viento, al frío y a las heladas, en perpetua guardia...